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Roberto Cherro, el goleador histórico de Boca que marcó una era en Lomas de Zamora

Se cumplen 100 años del debut de Roberto Cherro en Primera División. El Apilador, ídolo xeneize que convirtió 223 goles en 305 partidos, fue figura clave en los títulos de los años 20 y 30.

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La Bombonera
(CC BY-SA 4.0)

Se cumplen exactamente cien años del debut de Roberto Eugenio Cherro en la Primera División del fútbol argentino. El delantero que se convertiría en el máximo goleador histórico de Boca Juniors hasta la irrupción de Martín Palermo en 2010 tuvo un impacto inmediato en el equipo de la Ribera y dejó una huella imborrable que aún se recuerda en los barrios de Lomas de Zamora.

Nacido el 23 de febrero de 1907 en Buenos Aires, Cherro llegó a Boca Juniors procedente de las inferiores de Sportivo Barracas. Su estreno se produjo en el campeonato de 1926, en plena transición entre el amateurismo y el profesionalismo. Ese año el equipo xeneize se consagró campeón invicto, con 15 triunfos en 17 fechas, y el joven delantero anotó 22 goles en 20 partidos, convirtiéndose en el máximo artillero del certamen.

Apodado El Apilador y Cabecita de Oro por su habilidad para eludir rivales y su potencia en el juego aéreo, Cherro repitió el título de goleador en 1928 y 1930. En el equipo de aquellos años compartió ataque con Domingo Tarasconi y Julio Bisio. Entre los tres marcaron 48 de los 67 goles que le dieron el título a Boca en 1926. Su debut en la red fue con un doblete ante El Porvenir en un 5-0; también registró una tarde inolvidable con cinco tantos en el 9-0 frente a Porteño.

Su nivel lo llevó rápidamente a la Selección Argentina. Integró los planteles que obtuvieron la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y el subcampeonato en el Mundial de Uruguay 1930. Con la celeste y blanca disputó 16 partidos y marcó 12 goles, cuatro de ellos ante Uruguay en un recordado 4-1 del 5 de febrero de 1933 en el estadio de Independiente.

Ya en la era profesional, Cherro formó un tridente demoledor junto al paraguayo Delfín Benítez Cáceres y Francisco Varallo. Boca se coronó campeón en 1931, 1934 y 1935. En el torneo de 1934, el único disputado a tres ruedas, el equipo sumó 101 goles y Cherro volvió a ser el máximo goleador con 22 conquistas, seguido por sus compañeros de ataque. El tridente aportó cerca del 60 por ciento de las anotaciones xeneizes.

A pesar de problemas de peso y lesiones que en esa época eran más difíciles de superar, Cherro se retiró en 1938 con un registro de 223 goles en 305 partidos oficiales, todos como titular. Su promedio de 0,73 goles por encuentro es aún más destacable porque nunca pateó penales. Sus principales víctimas fueron Vélez Sarsfield, Tigre y Quilmes, a quienes les convirtió 13 goles a cada uno. Precisamente ante Quilmes, en 1937, anotó tres tantos en la victoria 7-3 de Boca, dos de ellos en los minutos finales.

Tras colgar los botines, Cherro incursionó en el periodismo radial como comentarista y mantuvo un fuerte vínculo con Boca Juniors. Fue presidente de la Mutual de Ex Jugadores del club en dos períodos: de 1946 a 1950 y desde 1954 hasta su fallecimiento en 1965. Su marca como máximo goleador xeneize se mantuvo intacta durante más de siete décadas, hasta que Martín Palermo lo superó en la primera década de este siglo.

En Lomas de Zamora, donde el fútbol amateur y profesional siempre tuvo fuerte arraigo en los barrios, la figura de Cherro es recordada como ejemplo de un delantero completo que marcó una época. Su centenario debut en Primera revive la memoria de un jugador que, sin hacer ruido fuera de la cancha, se convirtió en sinónimo de gol para Boca y para el fútbol argentino de los años 20 y 30.

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