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De Raíz: el circuito de la flor comestible en Lomas de Zamora, de la huerta al laboratorio

En el partido de Lomas de Zamora se consolida un circuito que une huertas locales con experiencias gastronómicas y ensayos de agricultura de precisión. Flores comestibles producidas en el distrito llegan a cocinas y laboratorios que buscan optimizar su cultivo.

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(Propia)

Un nuevo eslabón productivo se afianza en el partido de Lomas de Zamora. Se trata del circuito de la flor comestible, que comienza en huertas barriales y llega hasta laboratorios de agricultura de precisión y propuestas gastronómicas de alto nivel.

Productores locales de Temperley, Llavallol y Villa Centenario cultivan variedades como caléndula, capuchina, borraja, pensamiento y rosas comestibles. Estas flores no solo aportan color y sabor a platos, sino que también se convierten en materia prima para experimentos que buscan mejorar su rendimiento y calidad mediante tecnologías de precisión.

El recorrido completo, que va “de la raíz a la mesa”, fue destacado en una nota de Bichos de Campo publicada el 11 de octubre de 2026. Allí se detalla cómo pequeños productores lomenses integran sus huertas con centros de investigación y chefs que valoran lo local y lo sustentable.

En Lomas de Zamora, las huertas comunitarias y familiares ocupan predios en barrios como Santa Catalina y Parque Barón. Allí se aplican técnicas de agroecología que evitan el uso de agroquímicos, lo que permite certificar las flores como aptas para el consumo humano. Los productores aseguran que el suelo y el clima del distrito favorecen el desarrollo de estas especies, que requieren cuidados específicos de riego y luminosidad.

Una vez cosechadas, las flores toman dos caminos principales. Por un lado, llegan directamente a cocinas de restoranes del sur del conurbano que las incorporan en ensaladas, postres y cócteles. Por otro, un porcentaje se destina a laboratorios que analizan variables como humedad, nutrientes y respuesta a luces LED de espectro controlado.

En estos espacios de innovación se prueban sistemas de cultivo vertical y sensores que miden en tiempo real el estado de las plantas. El objetivo es escalar la producción sin perder las características organolépticas que las hacen únicas. Varias de estas experiencias se llevan adelante en predios ubicados dentro del partido de Lomas de Zamora.

El circuito genera un triple impacto: económico, al darle valor agregado a la producción primaria; social, al capacitar a vecinos en nuevas técnicas de cultivo; y ambiental, al promover la biodiversidad en espacios urbanos. Además, fomenta la economía circular porque los residuos orgánicos de las cocinas vuelven como compost a las huertas.

Desde las instituciones locales se busca fortalecer este entramado. Talleres de identificación de especies, visitas guiadas a las huertas y encuentros entre productores, investigadores y cocineros son algunas de las actividades que se vienen desarrollando en Lomas Centro y Banfield durante 2026.

Los protagonistas coinciden en que el diferencial de este circuito es su escala barrial. No se trata de grandes extensiones, sino de muchos pequeños productores que, conectados, logran abastecer de manera estable y trazable a clientes cada vez más exigentes. La trazabilidad, precisamente, es uno de los puntos que más se resaltan en los laboratorios de precisión.

El uso de aplicaciones que registran cada etapa del cultivo permite garantizar que la flor que llega al plato fue producida bajo estándares de calidad y seguridad alimentaria. Esto abre puertas a nuevos mercados, incluso a la exportación de materia prima deshidratada o en conserva.

En Ingeniero Budge y Turdera también hay experiencias incipientes que incorporan flores comestibles a programas de huertas escolares, educando a las nuevas generaciones sobre alimentación saludable y soberanía alimentaria.

El circuito de la flor comestible en Lomas de Zamora se presenta, entonces, como un ejemplo concreto de cómo la innovación y lo tradicional pueden convivir en un mismo territorio. De la tierra al laboratorio y de allí a la mesa, cada paso ocurre dentro del distrito y refuerza la identidad productiva local.

Mientras los productores prepararon la próxima temporada de siembra, los investigadores afinan sus sensores y los chefs diseñan nuevos platos. El ciclo continúa y promete seguir creciendo en los próximos meses en distintos puntos del partido.

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